domingo, 23 de diciembre de 2012

Fragmento de Ácido


Marchita, es la llave ¿y con qué más?
Si es ese el consuelo que mis caderas necesitan.
Té, también. En la mesa del restorán.
La figura de un cerro en tus axilas. Sexo, en la boca de tu espalda.
Ácido, como el río de la soledad. Dolores, como muchas mujeres.

Me asomaré otra vez, a la piel de esas personas.
Claros como el sillón. Tenue como el dinero.
Morado como las balas de tu colchón.
Los miraré. Celosamente. Aunque nos tengamos a los dos.
Un amor de antes y después.
Pero fuera de la herida y de la proximidad, me gustas tanto.
Te lloro en lo justo. Me llenas en lo mejor.

Las relaciones son como la ropa.
Cada vez que tienes una prenda nueva, te acomodas a ella.
Piensas que es la mejor que puedas usar.
Aunque siendo honesto tienes muchas más.
Está a la medida, dices.
Manchada por el tiempo. Se vuelve extraña, aburrida.
Llevas manchas de soledad y en sus bolsas chicles y recibos.
Pero che, recuerda que tú te acomodaste a ella. No ella a ti.

Tú, te acomodasté a mi. Yo me acomodé a los dos.
Me acosa el pensar que escribiste algo nuevo.
Me mata saber que es verdad.
Que tal vez, no esté entre tus letras.
Que quizá, está alguien más.
No puedo leer.
Debo tomar mis cojones y afrontarme a tus dedos.
Puede ser que seas tan brillante que me quedé ciego.
Podría pasarme, que huyo de ti. Sabiendo que eres mía.
Porque si eres mía, no eres mía solamente.
También sos de mis celos, de mis pasiones, de mis enojos.
Sin olvidarnos de mi asombro, felicidad y quebranto.
Sea como sea, la pena. Me acongoja. Me vuelvo un grito.

¿Seré la repetición de la reproducción inverve de un recuerdo?
Oigamos las mismas personas que mofan a la ventana.
Giremos en la cama desnudos y sin nadie más.
Riamos de nuestras imperfecciones tan perfectas en las flores
de nuestra habitación.
Si no tengo pianos, es porque no tenía una mujer
fatal. En casa o en la bañera.
Pero soy inusual. Ya que la fatiga y la lasitud
tomarón mis palpitaciones y con el desamor hicieron estribillo.
Si no tengo pintura, es porque a mi me pintan sus amarguras, sus risas.
Ella dibuja la tarde, prendé los cigarrillos. Mirá en mi el color.
Ningún coro me canta. Ningún libro me lee.
Estoy cansado de todas y todos.
Menos de ti.

Disfrazado anduve, entre personas sin morraya, cucos con vestidos.
Besos pavimentados con moribundas revanchas.

¡Joder! Yo solamente ando buscándole cicatrices a mi rostro.
Comprándole órganos a la vida.

Fumando un habano, que jamás termina.
Escupo a la banqueta, donde el viento se sienta.

Yace tu ombligo en los arbustos, y mi lengua se congela en verano.
Pero doy vueltas en tu aura.

Tengo miedo, que me guste el mismo hombre, que nos acostemos con la misma mujer.
Ni merezco un par; de besos, de zapatos con agujeros, mucho menos de bocas y dientes.
Rezándole al sur, que jamás estemos tristes al no tener almohadas.
Desplumarnos por la poca ropa.

Como quitarle los pelos a un gato. Parecido a robarle un juguete al pibe.
Como calentar la banca en temporada de invierno.

Él perdió una botella que resbalo, un pájaro que asomaba la cabeza
cuando gemía la cama.
Hacía un meneo locuaz como los gusanos, como el tren.
Se extravió en días sin llave, en noches de bar.

En el apagón de la dulzura. En la nube negra.
En el sostén menos indicado.

Ahora tengo las palmas. Hoy por hoy me conforman tus besos.
Tengo un racimo de ojos, que miran los pasos de tu cuerpo.
Ahora tengo mucho que contar.
Pero lo más bonito es sobre ti.
La vida no fue hermosa. Hermosa fuiste y eres tú.


No hay comentarios:

Publicar un comentario